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Mostrando entradas de noviembre, 2014

La voz extraña

por Fabián Casas para Edmundo Bejarano Acabo de cumplir cuarenta y cuatro años y desde los diez que escribo. Al principio escribía historietas que también dibujaba y que armaba en unas hojas de papel que mi papá me compraba en una cartonería que estaba en frente de mi casa. Mi papá compraba el papel y mi padrino —que vivía con nosotros en una casa inmensa y pobre— cortaba las largas hojas hasta que estas quedaban del tamaño de una revista. Ahora se habla mucho sobre el futuro del libro, si va a mudar definitivamente hasta convertirse en una pura realidad virtual. Los chicos que nacen con internet pueden acumular toda la obra de Tolstoi en un pequeño archivo. Y leerla en sus computadoras. Sin embargo, me cuesta creer que vamos a poder dejar de tocar el papel, de olerlo. De conservar un libro en el abrigo. Cuando mi mamá enfermó y murió en un hospital de la obra social de mi viejo, yo paseaba por los pasillos con una edición pocket de Trópico de Cáncer . Como una petaca, lo tení...

Teólogo en la ventana

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Joaquín Giannuzzi Este cerrado dolor de cabeza causado por la presión del mundo visible reclama un significado. Pero la visión de la calle desde mi ventana solo ofrece alternativas de una apariencia dislocada hecha de fragmentos trémulos, colores dudosos y un sufrimiento de cosa oscuramente mezclada consigo misma. ¿Qué materia desean los ojos y que no pueden ver? No esta especie de traición a lo largo del pavimento, la naturaleza criminal que revelan los automóviles, el taciturno rumor de los objetos manufacturados, la vacilante verdad de la muchedumbre hacia el ocaso, los asuntos de esta terrible sociedad que se aplasta al planeta. ¿Cuál es la relación de esta escena con el otro orden? La divinidad está aquí por delegación sombría. Hay un millón de ventanas y cada una padece su teólogo fracasado ante la única realidad posible con su correspondiente dolor de cabeza al anochecer.

Sobre la «inseguridad» en Sarandí

1. Hace varios meses que Sarandí viene siendo víctima de lo que comúnmente se denomina «inseguridad». Ya dejó de escucharse el «le robaron al amigo de un amigo» y pasamos directamente al «me robaron el celular», «a mi vieja le partieron la nariz para sacarle cien mangos» y postulados por el estilo (y aun más graves). Esa es la realidad y ya no existe quien la niegue. Se hizo tan evidente y real que ni los más necios se atreven a desmentirlo. Pasamos directamente de «enterarnos»  de tal o cual robo a ser los desgraciados protagonistas. 2. Hablar y debatir sobre delincuentes y derechos humanos es un tema complicado, ya que existen muchísimas personas que afirman que la culpa es de «esos negros a los que no les importa nada y te matan por dos pesos». Se realizan marchas y manifestaciones de todo tipo exigiendo más policías y más cámaras de seguridad. Se exige más mano dura. El problema de este tipo de posiciones radica no sólo en su pronunciada discriminación sino también e...