Hasta aquí todo va bien
Sobre El odio de Mathieu Kassovitz
El odio (La haine, 1995) es una película específica; y por específica, universal. Pero cabe una aclaración: no pretende dar consejos ni realiza valoraciones morales de ningún tipo. No está a favor de la violencia, pero tampoco está en contra. La película de Kassovitz, en ese sentido, no se sumerge en afirmaciones baratas.
La catalogaron como película social, y así fue a Cannes. La etiqueta es, a priori, poco certera. Yo diría que es injusta. El odio es una película que habla, principalmente, desde la puesta en escena. Kassovitz confesó que sabía, desde el principio, que por más interesante y actual que resultaran el argumento y el guion, la película no iba a funcionar sin una puesta en escena tan impresionante como la que logró. Y es a partir de allí que pienso que El odio está muy lejos de la tristeza de Los 400 golpes, la obra maestra de Truffaut. Es una película como pocas en Europa y, sobre todo, en Francia, donde, en ese momento (y por qué no ahora también), el cine era un ejercicio cinematográfico más personal. De ahí, entre otros muchos méritos, la importancia y lo imprescindible de su existencia.
La catalogaron como película social, y así fue a Cannes. La etiqueta es, a priori, poco certera. Yo diría que es injusta. El odio es una película que habla, principalmente, desde la puesta en escena. Kassovitz confesó que sabía, desde el principio, que por más interesante y actual que resultaran el argumento y el guion, la película no iba a funcionar sin una puesta en escena tan impresionante como la que logró. Y es a partir de allí que pienso que El odio está muy lejos de la tristeza de Los 400 golpes, la obra maestra de Truffaut. Es una película como pocas en Europa y, sobre todo, en Francia, donde, en ese momento (y por qué no ahora también), el cine era un ejercicio cinematográfico más personal. De ahí, entre otros muchos méritos, la importancia y lo imprescindible de su existencia.

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