Los médicos dicen que es inútil intentar curar llagas incurables,
y quizá por eso no actúe yo con sensatez al intentar hacer
reflexionar a aquellos que han perdido desde hace mucho tiempo
todo conocimiento y ya no sienten el mal que los aflige,
pues eso confirma que su enfermedad es mortal. Procuremos
descubrir, no obstante, si podemos, cómo se arraiga esa pertinaz
voluntad de servir que podría dejarnos suponer que, en
efecto, el amor a la libertad no es un hecho natural.
Alberto Bonifacio Martínez
Jorge Pizarro Costa Paz se le acercó gritando maltratándolo Jorge y sus hectáres sus mil hectáreas trabajadas por las manos duras y rústicas y moradas de los peones que ven en el Sol un hermano y en la Tierra una madre. Jorge Pizarro Costa Paz gritó le gritó le dijo que se apure que sirva para algo. Alberto Bonifacio Martínez pensó que no que no y se acordó de su familia y de algo parecido al honor y sacó la escopeta la doble y lo mató. A mí no me grita nadie, patroncito.