—Estamos hablando de la relación entre política y literatura cuando la política se torna
revolucionaria. Pero, cuando la política se torna conservadora como es lo que hoy sucede, ¿cuál es
la literatura que allí aparece?
—No da la impresión de que los intelectuales que están acompañando, validando o respaldando el proceso actual, los intelectuales macristas para decirlo rápidamente, Alejandro Rozitchner, Federico Andahazi, Pola Oloixarac, no me parece que se estén destacando por una producción literaria donde uno pueda rastrear el campo de cuestiones políticas. Y me parece que eso tiene una significación política. En cuanto a qué tipo de régimen político es, me parece que en todo caso tiene un sostenimiento mediático ligado a la puesta en circulación de un discurso con un registro de un optimismo new age, combinado con la autoayuda; un modo de fraseología sencilla, accesible y al mismo tiempo bien hueca, con una fuerte expresión de un armado ideológico. Durán Barba me parece que es una figura clave. Más que contestar yo, deberían responder estos intelectuales macristas sobre cómo ven este campo de cuestiones. Yo lo veo como empobrecimiento retórico y conceptual. Es un optimismo muy elemental. Yo también hablé con optimismo. Pero este es un optimismo por el optimismo mismo. "Porque nos merecemos algo mejor". Y ahí cada palabra abre preguntas: ¿quién es el nosotros del "nos"? "Merecemos", ¿en qué sentido? ¿en que somos buenos? ¿en que somos macanudos? ¿en que somos argentinos? Y cuando decimos "otra cosa", ¿estamos hablando de qué clase de cosa? Todo eso se vuelve vago, premeditadamente vago. Y hay un discurso que lo sostiene que tiene una enorme eficacia. Yo no estoy minimizando, al contrario; me veo abrumado y deprimido por un discurso que funciona tremendamente bien. Otra vez: no estoy arriba y mirando por encima del hombre estas formas rudimentarias del lenguaje. Estoy en desacuerdo con lo que expresan, me parecen efectivamente formas pobres, pero funcionan con una eficacia y tienen un poder de interpelación ante el cual, primero me deprimo y después trato de reflexionar.
—No da la impresión de que los intelectuales que están acompañando, validando o respaldando el proceso actual, los intelectuales macristas para decirlo rápidamente, Alejandro Rozitchner, Federico Andahazi, Pola Oloixarac, no me parece que se estén destacando por una producción literaria donde uno pueda rastrear el campo de cuestiones políticas. Y me parece que eso tiene una significación política. En cuanto a qué tipo de régimen político es, me parece que en todo caso tiene un sostenimiento mediático ligado a la puesta en circulación de un discurso con un registro de un optimismo new age, combinado con la autoayuda; un modo de fraseología sencilla, accesible y al mismo tiempo bien hueca, con una fuerte expresión de un armado ideológico. Durán Barba me parece que es una figura clave. Más que contestar yo, deberían responder estos intelectuales macristas sobre cómo ven este campo de cuestiones. Yo lo veo como empobrecimiento retórico y conceptual. Es un optimismo muy elemental. Yo también hablé con optimismo. Pero este es un optimismo por el optimismo mismo. "Porque nos merecemos algo mejor". Y ahí cada palabra abre preguntas: ¿quién es el nosotros del "nos"? "Merecemos", ¿en qué sentido? ¿en que somos buenos? ¿en que somos macanudos? ¿en que somos argentinos? Y cuando decimos "otra cosa", ¿estamos hablando de qué clase de cosa? Todo eso se vuelve vago, premeditadamente vago. Y hay un discurso que lo sostiene que tiene una enorme eficacia. Yo no estoy minimizando, al contrario; me veo abrumado y deprimido por un discurso que funciona tremendamente bien. Otra vez: no estoy arriba y mirando por encima del hombre estas formas rudimentarias del lenguaje. Estoy en desacuerdo con lo que expresan, me parecen efectivamente formas pobres, pero funcionan con una eficacia y tienen un poder de interpelación ante el cual, primero me deprimo y después trato de reflexionar.