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Mostrando entradas de julio, 2018
A veces, la ignorancia de un hombre no sólo es útil, sino también bella, mientras que su pretendida sabiduría resulta a menudo, además de desagradable, peor que inútil. ¿Con quién es mejor tratar? ¿Con quien no sabe nada de un tema y, lo que es enormemente raro, sabe que no sabe nada, o con quien sabe algo del asunto, en efecto, pero cree que lo sabe todo?
En el desierto, los licores espirituosos sólo provocan asco. Hay un vivo placer en la mera existencia animal.
De nada sirve, por descontado, dirigir nuestros pasos hacia los bosques, si no nos llevan allá. Me alarmo cuando ocurre que he caminado físicamente una milla hacia los bosques sin estar yendo hacia ellos en espíritu. En el paseo de la tarde me gustaría olvidar todas mis tareas matutinas y mis obligaciones con la sociedad. Pero a veces no puedo sacudirme fácilmente el pueblo. Me viene a la cabeza el recuerdo de alguna ocupación, y ya no estoy donde mi cuerpo, sino fuera de mí. Querría retornar a mí mismo en mis paseos. ¿Qué pinto en los bosques si estoy pensando en otras cosas?
Tendría en realidad que estar completamente solo en este mundo, yo, Steiner, y ningún otro ser viviente. Sin sol, sin cultura, sólo yo desnudo en una roca alta, sin tormenta, sin nieve, sin calles, sin bancos, sin dinero, sin tiempo y sin respiro. Entonces, quizás, no volvería a sentir miedo nunca más. Herzog-Steiner-Walser
[...] Me obsesionan los momentos extraños y extremos de las personas. Tengo predilección por los personajes outsiders; me aburre mucho la gente normal. Admito que en la novela hay algo de misantropía. Yo adoro a Bukowski; él me cayó en un momento en que estaba en cuarto año de Ingeniería y laburaba en un taller metalúrgico donde me agarré una escoliosis. Lo leía a Bukowski y sentía el odio al patrón, hacia un estilo de vida que te jode mucho. Me gusta del viejo la certeza de que nadie vale dos mangos. Me siento muy identificado con él, aunque mi vida es mucho más aburrida que la que vivió Bukowski. Los momentos más lindos de mi vida son cuando estoy solo, leyendo o escribiendo. No le tengo mucho cariño a la especie. En ese sentido soy un misántropo.
–¿Siente que no vale la pena ninguno de los personajes? –Tiendo a dividir a la gente en interesante o no interesante, y estos personajes son interesantes de seguir. El tema es que casi todo el mundo, seguido de cerca, es moralmente repugnante. Un libro que me impresionó mucho es El extranjero, de Camus, porque no hay juicio moral. ¿Qué tienen que andar diciendo quién es malo y quién es bueno? Además, creo que alguien que hace un juicio moral te está choreando. Fui a muchas manifestaciones de milicos para curiosear. Tenía la sensación de que me estaba moviendo entre monstruos. Veía las caras y me preguntaba qué habrían hecho. El juicio moral es tan de base que ya sé qué son. Sí, son enemigos, pero me parecen muchos más peligrosos los tipos normales. Alejandro Biondini, a quien le leo la página, Panteón de los héroes, está re bosta de la cabeza y tan chalado que para mi vida es mucho más peligroso el rabino Bergman o Susana Giménez.